Mujeres de la Biblia
 

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Rivkah (Rebeca)

Y dijo Avraham a un siervo suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba sobre todo lo que tenía: «Pon ahora tu mano debajo de mi muslo. Y te juramentaré por HaShem, Elohim del cielo y Elohim de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Kenaanim, entre los cuales yo habito. Sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Yitzchak».
(Génesis 24:2-4)

Ahora nos encontramos inmersos en plena era patriarcal. Había reglas que debían ser observadas por diferentes pueblos, y éstos Habiri eran celosos de su sistema endogámico. El patrón manda a su siervo a buscar una mujer para su hijo – aparentemente, el hijo no fué ni siquiera consultado, y deberíamos esperarnos que a la joven no se le preguntaría tampoco si ella desea casarse con un primo desconocido o no. No obstante, ésta familia patriarcal tenía conocimiento del plan de Elohim:

Y el siervo le respondió: «Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra»; Avraham le dijo: «Si la mujer no quiere venir en pos de tí, serás libre de este juramento».
(Génesis 24:5,8)

Ahora bien, si hay alguno que insiste en que la Biblia es un libro centrado en la supremacía masculina, tal persona debe ponderar el comportamiento de este patriarca, que aparentemente no tuvo cuidado de la voluntad de su propio hijo, pero respetó la de la joven mujer a la cual pidió que fuese su nuera! Considerando el periodo en que estos eventos ocurrieron, debíamos esperarnos del siervo que respondiese “Quizá el padre de la mujer no querrá dártela para tu hijo”; pero el siervo, conociendo a su patrón, preguntó directamente por la opinión de la moza.
El sistema patriarcal es un prototipo de sociedad sexista, sin embargo, los patriarcas bíblicos trataron de seguir lo que habían recibido como el plan original de Elohim, e hicieron que el sistema social en el cual nacieron fuese más comprensivo y amable.

Y el siervo tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fué, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y se puso en camino… Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rivkah, que había nacido a Bethuel, hijo de Milkah, mujer de Nachôr hermano de Avraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. Y la moza era de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido… le presentó el hombre un pendiente de oro que pesaba medio shekel, y dos brazaletes que pesaban diez… Rivkah tenía un hermano que se llamaba Laván, el cual corrió afuera al hombre, a la fuente. Y fué que como vió el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: «Así me habló aquel hombre», vino a él, y le dijo: «Ven, bendito de Adonay; ¿por qué estás fuera? yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos»… Ellos respondieron entonces: «Llamemos la moza y preguntémosle». Y llamaron a Rivkah, y le dijeron: «¿Irás tú con este varón?» Y ella respondió: «Sí, iré».
(Génesis 24:10,15,16,22,29-31,57,58)

Aquí he citado sólo algunos versos importantes, ya que la historia es bien conocida y es narrada a lo largo de todo el capítulo 24 de Génesis. Evidentemente, la sociedad patriarcal de la Biblia no era tan centrada en la supremacía masculina como a menudo es considerada, al menos, no aquella de los antiguos Hebreos como la familia de Avraham. Algunos críticos arguyen que el factor convincente fué la cantidad de regalos que llevó el siervo de Avraham, conociendo el carácter del hermano de Rivkah. Pero en última instancia, no sólo Avraham liberó a su siervo del juramento en el caso que la mujer no hubiese aceptado de venir con él, sino también la familia de ella la consultó si estaba dispuesta a casarse con el primo desconocido. Ellos no la vendieron.

Yitzchak la introdujo en la tienda de su madre Sarah, y Rivkah fué su mujer, y él la amó.
(Génesis 24:67)

A diferencia de su padre y de sus hijos, Yitzhak tuvo una sola mujer y ninguna concubina, lo que era muy inusual para un patriarca. Rivkah fué sabia en su elección.

Y aconteció que cuando hubo Yitzchak envejecido, y sus ojos se ofuscaron quedando sin vista, llamó a Esav, su hijo el mayor, y le dijo: «Mi hijo… toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y tráeme caza. Y hazme un guisado, como yo gusto, y tráeme lo, y comeré; para que te bendiga mi alma antes que muera». Y Rivkah estaba oyendo, cuando hablaba Yitzchak a Esav su hijo. Y Esav fué al campo para buscar la caza que había de traer. Entonces Rivkah habló aYaakov su hijo, diciendo: «He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esav tu hermano… ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Vé ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como él gusta. Y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte»… Y tomó Rivkah los vestidos de Esav su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Yaakov, su hijo menor. Y le hozo vestir sobre sus manos y sobre la cerviz donde no tenía vello, las pieles de los cabritos. Y entregó los guisados y el pan que había aderezado, en mano de Yaakov su hijo. Y él fué a su padre… Él [Yitzchak] no le reconoció… y le bendijo… «Elohim te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren».
(Génesis 27:1,3-6,8-10,15-18,23,28-29)

Rivkah puede aparecer como una mujer astuta que se aprovechó de la ceguera de su marido para hacer que su hijo favorito fuese bendecido en lugar del primogénito, como estaba establecido por la ley patriarcal. Sin embargo, ella sabía que el marido estaba afligido por la manera en que Esav conducía su vida, no respetando la ley de sus padres. Rivkah se comportó según el plan del Señor, porque Yitzhak no habría infringido la ley y habría de todos modos bendecido a Esav – él habría hecho lo que era justo según la ley. Entonces, el Único que está por encima de la ley tuvo que actuar a través de Rivkah (de nuevo, una mujer que cambió el entero curso de la historia!), y de ésta manera, Yitzhak fué inocente de haber quebrantado la ley porque lo hizo involuntariamente, y bendijo a Yakov, el progenitor del pueblo de Israel.
Rivkah actuó con sabiduría, liberando a su marido de la ley y haciendo que la bendición fuese dada al hijo elegido.

 

Tamar

Tamar es un ejemplo de cómo muchas veces las mujeres han sido denegadas de sus derechos y han tenido que proyectar un plan para poder obtener justicia, aún arriesgando la propia vida. Tamar tuvo que soportar el desprecio y la humillación en el ambiente dominado por la supremacía masculina en el cual ella vivía, y es incluso acusada de inmoralidad sexual y de comportamiento engañoso por el legalismo religioso del presente, sin tener en cuenta que la Biblia en cambio reivindica su justicia y sabiduría.

Y vió allí Yehudah la hija de un hombre Cananeo, el cual se llamaba Shúa; y tomóla, y entró á ella.
(Génesis 38:2)

Sabemos que la familia de Yakov estaba bajo el requisito de brit milah (circuncisión), por lo cual no les estaba permitido tomar mujeres de pueblos que no seguían esta observancia. Excepto Yosef, que se casó con Asenat la Egipcia, y Yehudah, no se nos dice dónde los hijos de Yakov encontaron a sus esposas, pero podemos entender por las Escrituras que ellos buscaron mujeres de la descendencia de Avraham, quizás incluso Ismaelitas y Madianitas.
Yehudah era uno de los doce hijos de Yakov, y llegó a ser el principal. No obstante, a diferencia de su padre y sus hermanos, él no observó las reglas de su familia y se casó con una mujer Cananea, de la cual tuvo tres hijos.
Los otros hijos de Yakov no tomaron mujeres de las Cananeas, como nos resulta claro del incidente con Shekhem (Génesis 34:13-17), y también porque uno de los hijos de Shim’on es específicamente llamado “el hijo de la Cananea” (Génesis 46:10), lo que indica que éste era el único Cananeo de los nietos de Yakov (aparte de los tres hijos de Yehudah).

Yehudah tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.
(Génesis 38:6)

Aunque las Escrituras no dicen nada sobre el origen de la familia de Tamar, no hay ninguna objeción acerca de su elegibilidad – si no, como en el caso de la mujer de Yehudah o de las de Esav, habría sido especificado que ella también era Cananea, o Hitita, o de algún pueblo con el cual los Israelitas no debían casarse. También es razonable pensar que Yehudah no tenía intención de ir más lejos fuera de la ley de su propio pueblo, y habría elegido para sus propios hijos mujeres de la descendencia de Avraham. Sin embargo, sus hijos, siendo por mitad Cananeos no fueron designados para perpetuar el nombre de Yehudah en las Tribus de Israel.

Er, el primogénito de Yehudah, fué malo á los ojos de HaShem y HaShem le quitó la vida. Entonces Yehudah dijo a Onán, «Entra a la mujer de tu hermano, y cásate con ella, y levanta simiente a tu hermano». Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba a la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente a su hermano. Y desagradó en ojos de HaShem lo que hacía, y también le quitó la vida.
(Génesis 38:7-10)

Había una antigua ley que establecía que cuando moría un hombre sin haber dejado descendencia, su hermano debía casarse con la viuda, y a ella no se le permitía casarse fuera de la familia del marido fallecido. Su hijo primogénito habría pertenecido al hermano muerto, para que su nombre fuese perpetuado. Ésta ley implicaba que el hijo heredaría todos los derechos de su tío fallecido, prevaleciendo sobre los derechos de su padre biológico.
Es inútil perder tiempo en discusiones sin fin acerca de la naturaleza del pecado de Onán; había razones espirituales más allá de aquellas legales por las cuales debía ser excluido de Israel y de Judá. Por lo tanto, señalaremos sólo algunos aspectos importantes del caso. Después de la muerte de Er, Onán habría recibido la doble porción de herencia asignada al primogénito, pero si él hubiera hecho su deber, éste derecho habría pasado directamente a su hijo, que no habría sido reconocido como suyo sino de su hermano. Por consiguiente, su disgusto en deber cumplir la ley del levirato puede ser atribuido a su egoísmo y su codicia. Sin embargo, hay otro aspecto de su conducta que era aún peor: su desdén hacia Tamar, que él trató como un objeto sexual y le negó la posibilidad de la maternidad. Él no tenía necesidad de ella para tener una descendencia propia, porque podía tomar otras mujeres. Onán fué verdaderamente indigno de ser contado entre los hijos de Israel.

Y Yehudah dijo a Tamar, su nuera: «Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Shelach mi hijo»; porque dijo: «Que quizá no muera él también como sus hermanos». Y Tamar se fué y estuvo en la casa de su padre. Y pasaron muchos días, y murió la hija de Shúa, mujer de Yehudah. Y fué dado aviso a Tamar, diciendo: «He aquí tu suegro sube a Timnath a trasquilar sus ovejas». Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enayim junto al camino de Timnath; porque veía que había crecido Shelach, y ella no era dada a él por mujer. Y la vió Yehudah y la tuvo por ramera, porque había ella cubierto su rostro. Y apartóse del camino hacia ella, y le dijo: «Déjame ahora entrar en tí», porque no sabía que era su nuera; y ella dijo: «¿Qué me has de dar, si entrares a mí?» Él respondió: «Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras». Y ella dijo: «Me has de dar prenda hasta que lo envíes». Entonces él dijo: «¿Qué prenda te daré?» Ella respondió: «Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que tienes en tu mano». Y él se los dió, y entró a ella, la cual concibió de él. Y sucedió que al cabo de unos tres meses fué dado aviso a Yehudah, diciendo: «Tamar, tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones». Yehudah dijo: «Sacadla, y sea quemada». Y ella cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: «Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta». Y dijo más: «Mira ahora de quién son estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón». Entonces Yehudah los reconoció, y dijo: «Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Shelach mi hijo».
(Génesis 38:11-18,24-26)

Yehudah cometió un error en casarse con una Cananea, y ninguno de los hijos de ésta habría sido elegible para perpetuar el nombre de la Tribu en Israel. La muerte de la mujer de Yehudah no es un detalle marginal, sino que allanó el camino a Tamar para cumplir con el propósito para el cual fué llamada: perpetuar la heredad de Yehudah según un linaje aprobado. Ésta es la principal razón espiritual detrás de todo lo ocurrido.
Desde el punto de vista legal, Yehudah falló al no cumplir con su deber, porque Tamar fué impedida de poder casarse fuera de su familia. En aquellos tiempos, una viuda sin hijos tenía una vida muy difícil en su vejez sin el apoyo de hijos e hijas, y ella tuvo que actuar sabiamente para obtener sus derechos.
Ella es muchas veces acusada de haber cometido un acto impuro, el cual era necesario no sólo para su propia supervivencia, sino también para la entera Tribu de Judá! Me pregunto, ¿por qué no se recalca tanto el hecho que Yehudah no dudó en pagar a una prostituta para satisfacerse a sí mismo?
Más allá de este hecho, Tamar fué intachable. En efecto, Yehudah reconoció: Más justa es ella que yo.
Tamar mostró a su suegro que era justa, aún a través de un acto injusto. Ésto fué hecho con sabiduría, más allá de todo juicio que los hombres puedan pronunciar sobre ella, y Elohim la recompensó con una descendencia noble como el linaje del Rey David.
Ella fué humillada dos veces, por Onán que la despreció y por su suegro que le negó sus derechos, pero Elohim le dió una doble bendición:

Y aconteció que al tiempo del dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.
(Génesis 38:27)

De éstos mellizos descendieron casi todos los miembros de la más importante de las Tribus de Israel. La mujer Cananea de Yehudah no era la elegida para perpetuar el nombre de la Tribu, sino Tamar, y Elohim la designó para mantener la estirpe de Yehudah según el Pacto.

 

Rahav

La historia de Rahav es otro ejemplo de una mujer que fué bendecida por el Omnipotente por haber contribuido al cumplimiento de Su designio, y en las Escrituras ningún juicio negativo es pronunciado sobre ella.

Yehoshua hijo de Nun envió desde Shittim dos espías secretamente, diciéndoles: «Andad, reconoced la tierra, y Yerico». Los cuales fueron, y entraron en casa de una mujer ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí. Y fué dado aviso al rey de Yerico, diciendo: «He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche a espiar la tierra». Entonces el rey de Yerico envió a decir a Rahab: «Saca fuera los hombres que han venido a ti, y han entrado en tu casa; porque han venido a espiar toda la tierra». Mas la mujer había tomado los dos hombres, y los había escondido; y dijo: «Verdad que hombres vinieron a mí, mas no supe de dónde eran: y al cerrarse la puerta, siendo ya oscuro, esos hombres se salieron, y no sé a dónde se han ido: seguidlos de prisa, que los alcanzaréis». Mas ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre tascos de lino que en aquel terrado tenía puestos.
Mas antes que ellos durmiesen, ella subió a ellos al terrado, y les dijo: «Sé que Adonay os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país están desmayados por causa de vosotros. Porque hemos oído que Adonay hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros, cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los Amorrheos que estaban de la parte allá del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruído. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más espíritu en alguno por causa de vosotros: porque Adonay vuestro Elohim, Él es Elohim arriba en los cielos y abajo en la tierra. Ahora os ruego que me juréis por Adonay, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal cierta; y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, y a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte». Y ellos le respondieron: «Nuestra alma por vosotros hasta la muerte, si no denunciareis este nuestro negocio: y cuando Adonay nos hubiere dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad».
(Josué 2:1-6,8-14)

De lo narrado en este pasaje, según los cánones del oficialismo religioso Rahav sería calificada no sólo como una prostituta, sino también como mentirosa y traidora, desleal hacia su propio pueblo, y una colaboracionista con el enemigo – y también es evidente que los espías Israelitas no fueron buenos ejemplos para el Mossad, ya que fueron descubiertos muy pronto! Tampoco sabemos por qué fueron justamente a la casa de una prostituta…
Por el contrario, Rahav era una mujer inteligente que tenía el conocimiento del verdadero Dios, y se comportó de acuerdo a Sus propósitos.
Ella era vista como una meretriz por los Israelitas; ¿pero qué clase de meretriz era? Leemos que tenía un padre, una madre, hermanos y hermanas, una casa propia, y probablemente era rica; ella no tenía necesidad de ejercer tal profesión para vivir. Ella no era la señora de un burdel, sino que vivía en su casa con su familia. En base a éstos elementos, podemos afirmar que ella era una prostituta ritual, una sacerdotisa de la religión cananea, y por lo tanto, una mujer respetable que gozaba de privilegios y era incluso conocida del rey de la ciudad, pues ella probablemente servía en el templo en las celebraciones principales. Su posición social podría compararse con la de las estrellas del cine de nuestros días, cuya reputación va más allá de sus actos y de su vida sexual. Esta clase de mujeres era muy común en Canaán, a tal punto que el término hebreo “qedeshah”, que significa “santa”, se usaba como un eufemismo de meretriz.
No obstante, ella no estaba contenta con su posición de prestigio, ni con la religión de su pueblo, en la cual ella ya no creía… ella sabía Quien es el verdadero Dios, y eligió estar de la parte de Su pueblo. Ella no debía sentir ninguna atracción o amor por los hombres con quienes ella había estado, sino tristeza y soledad en su espíritu. Su carne debía estar constantemente luchando contra la espiritualidad que residía en su interior. Ella deseaba algo de cortesía, de amabilidad y en lo más profundo, de pureza.
Su traición no fué tal, y la falsa información que ella dió a las guardias del rey no se puede considerar una mentira; debemos tener en mente que ella estaba en medio de una guerra entre dos naciones, y mientras los habitantes de Yerico veían a los Israelitas como invasores, ella los vió como libertadores. Es legal en una guerra apoyar a uno u otro ejército, y recurrir a la estrategia. ¿Acaso no hizo lo mismo el Rey David cuando luchaba contra Avshalom, y mandó a Hushai a dar un consejo falso? ¿Y la mujer de Bahurim, que escondió a los espías de David en el pozo, y dió una falsa información a los siervos de Avshalom, desviándolos en la misma manera que lo hizo Rahav? (2Samuel 17:17-21) ¿Pueden David y aquella mujer ser acusados de embuste?
Rahav era una estratega. Ella sabía Quien era el Dios de aquellos dos espías, y entendió que su acción de arriesgar su vida para protegerlos era su única posibilidad de obtener el favor del Dios de ellos y así también su salvación. Ella estaba segura como de su propia existencia que los Israelitas habrían conquistado la fortaleza de Yerico, porque sabía que Elohim estaba con ellos.

Yehoshua dijo á los dos hombres que habían reconocido la tierra: «Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allá a la mujer, y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis». Y los jóvenes espías entraron, y sacaron a Rahab, y a su padre, y a su madre, y a sus hermanos, y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los llevaron fuera del campo de Israel. Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había: solamente pusieron en el tesoro de la casa de Adonay la plata, y el oro, y los vasos de metal y de hierro. Mas Yehoshua salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los Israelitas hasta hoy; por cuanto escondió los mensajeros que Yehoshua envió a reconocer a Yerico.
(Josué 6:22-25)

Su acción le permitió de superar el anatema que Elohim había determinado para su pueblo, el cual no era admitido para contraer matrimonio con el pueblo de Israel (Éxodo 34:15-16), y ella fué aceptada para habitar en Israel todos los días de su vida. ¡Qué contraste con la mujer de Yehudah, cuya descendencia no fué aprobada y debió ser Tamar quien perpetuó el linaje de la entera Tribu! Las Escrituras Hebreas no dicen nada más sobre su vida, sólo que ella y su familia se unieron a Israel, y debemos pensar que también sus hermanos y hermanas se casaron dentro de su nueva nación. Es también obvio que ella dejó de ser una prostituta sacra, sino que fué una mujer devota al Elohim de Avraham, Yitzhak y Yakov, y que se construyó una familia según la Ley Mosaica. Su antigua vida fué quemada con la ciudad donde ella vivió, y fué llamada a una nueva vida sirviendo al Dios que no requiere profanar el propio cuerpo para adorarle.
Hay algunos problemas cronológicos acerca de las genealogías durante el periodo de los Jueces, pero según la tradición, ella se habría casado con Salmon, cuyo padre Nachshon era un jefe de la Tribu de Yehudah (Números 1:7; 7:12; 10:14), y por lo tanto es considerada como la madre de Boaz – ésta tradición es dada por cierta en el Evangelio (Mateo 1:5), aunque es difícil contar sólo cinco generaciones entre Salmon y el Rey David, y Boaz en el medio, siendo muy probablemente contemporáneo de Gedeón (ver explicación en Ruth). Es muy probable que falten algunos nombres, pero en todo caso, la suya fué una matriz que no fué juzgada ni condenada en los ojos del Señor, sino suficientemente digna de dar a luz un hijo que fué ancestro del Rey David.

 

Akhsah

Akhsah es una joven mujer que generalmente no es notada, aún siendo mencionada en dos pasajes paralelos de dos libros de la Biblia:

Y dijo Kalev: «Al que atacare a Chîriath-Sepher, y la tomare, yo le daré a mi hija Akhsah por mujer». Y la tomó Otniel hijo de Kenaz, el hermano de Kalev; y él le dió por mujer a su hija Akhsah. Y cuando ella vino [a él], lo persuadió de que pidiera a su padre un campo fértil. Y ella descendió del asno; y Kalev le dijo: «¿Qué tienes?» Ella entonces le respondió: «Dame una bendición: que pues me has dado tierra de secadal, me des también fuentes de aguas». Entonces Kalev le dió las fuentes de arriba y las fuentes de abajo.
(Josué 15:16-19 y Jueces 1:12-15)

En la sociedad patriarcal no era inusual que una hija fuese ofrecida como trofeo para el guerrero más valiente, y ésto es lo que sucedió con Akhsah.
Su padre Kalev fué el único hombre aparte de Yehoshua que había nacido en Egipto y sobrevivido a toda la travesía del desierto (Números 14:30-31), y era él mismo un guerrero de valor. Akhsah puede aparecer como la propiedad de un hombre que es cedida por un precio a otro hombre, no obstante, ella demostró de saber sacar ventaja de la situación con sabiduría y decisión: ella no estaba tratando con hombres delicados, sino con guerreros y conquistadores, y reclamó para sí una dote mayor que la que le había sido dada. Notar que fué ella que persuadió a su nuevo “propietario”, su marido, a pedir a su padre tierras, y luego, ella misma agregó a la demanda también fuentes de agua, y las obtuvo.
Akhsah es un ejemplo de una joven mujer que, a pesar de su condición de inferioridad social, logra alzar su voz y ser escuchada. No sabemos más nada de su vida, pero podemos imaginar que ella tenía un don especial, por el cual los combatientes la escuchaban y le concedían sus pedidos.

 

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